Por primera vez, en 2016 los ingresos procedentes de la música en streaming representaron la mayoría de las ventas de los principales sellos discográficos en Estados Unidos. Así lo anunció la Recording Industry Association of America (RIAA), asociación que representa a la mayor parte de la industria musical y es la responsable de la certificación de ventas discográficas en el país.

Los datos subrayan la popularidad del streaming, que un año antes apenas había conseguido sobrepasar a las descargas en su participación en el mercado musical de EEUU. Las descargas digitales cayeron más rápido que en cualquier año anterior: un 21%. El streaming supera a la suma de las descargas digitales -24,1%, y las ventas en formato físico, el 21,8%.

Así, durante 2017 los ingresos de servicios como Spotify, Apple Music o YouTube supusieron el 51,6% del total. Les siguen las descargas digitales y los tonos de llamada, con el 24,1%, y las ventas en formato físico, con el 21,8%.

En los últimos cinco años, los consumidores han pasado rápidamente de la simple compra de música a los servicios en los que pagan una suscripción a cambio de escuchar todo lo que deseen, o bien escuchan temas gratis en servicios financiados a través de la publicidad. El cambio causó gran malestar entre algunos sellos y artistas, pero los opositores han ido reduciendo sus críticas a medida que el crecimiento del streaming ha impulsado el mayor aumento de ventas de la industria musical en años.

El año pasado, los ingresos por música grabada en EEUU crecieron un 11,4%, hasta los 7.700 millones de dólares, la mayor ganancia desde 1998, según la RIAA. Pero incluso con tal crecimiento, las ventas son la mitad de las registradas en 1999.

Las suscripciones a servicios como Apple Music o Spotify fueron la mayor fuente de dinero, con 2.300 millones, y se duplicaron con respecto al año anterior. La radio en línea, con servicios como Pandora o iHeartRadio, fue la segunda fuente de ventas por streaming, con 883,9 millones. El dinero procedente del streaming publicitario, es decir, el aportado por la versión gratuita de Spotify o los vídeos musicales de YouTube o Vevo, creció un 25,8% hasta los 469 millones de dólares.